
“Cada vez que Estados Unidos “salva” a un pueblo, lo deja convertido en un manicomio o en un cementerio”.
Eduardo Galeano, escritor latinoamericano.
El año nuevo comenzó con los tambores de guerra del trumpismo en el Caribe. En la madrugada del 3 de enero, EE.UU. ha bombardeado objetivos civiles y militares, causando víctimas mortales, en los estados venezolanos de Miranda, Aragua, La Guaira y su capital Caracas. Asimismo, el despliegue militar estadounidense ha secuestrado al presidente del gobierno de la República Bolivariana de Venezuela, Nicolás Maduro, y a su esposa, Cilia Flores. El acto supone un nuevo golpe al Derecho Internacional, que de nuevo es violado a conveniencia por EE.UU. y sus aliados, como Israel, en Palestina, Líbano, Qatar, Yemen o Irán.
Convocados en redes por la “Internacional Antifascista” más de un millar de personas, militantes o simpatizantes de colectivos sociales y políticos de izquierda, se han movilizado frente a la embajada de EE.UU. en Madrid, sita en la opulenta calle Serrano, para demostrar su rechazo a “la agresión imperialista”.

Los movimientos sociales madrileños se oponen a la injerencia “yanqui” en Latinoamérica. Como muestra un botón, la Coordinadora Estatal por la Defensa del Sistema Público de Pensiones (COESPE), afirma en un comunicado que “estas actitudes criminales por parte del imperialismo americano, son una auténtica amenaza para la Paz y la seguridad mundial y regional”. EE.UU. “contraviene la Carta de las Naciones Unidas”.
El sindicato CNT, ha recalcado que el ataque militar de EE.UU. contra la soberanía de Venezuela, “no hace sino profundizar la opresión y la miseria para quienes menos tienen: la clase trabajadora”. Prosiguen en su comunicado de condena: “La intervención armada de los Estados Unidos en Venezuela es un acto de guerra sin justificación. No hay excusas ni argumentos que validen el uso de la violencia para imponer un modelo económico y político que no beneficia a las masas, sino que solamente sirve a los intereses de grandes corporaciones transnacionales y al poder imperialista que no busca otra cosa que expandir su dominio sobre recursos y territorios”.
Por su parte, IU ha declarado que los “bloqueos, sanciones, guerra económica y, ahora, el uso directo de la fuerza forman parte de un mismo plan orientado a imponer un cambio de gobierno y a apropiarse de recursos estratégicos, en abierto desprecio de la voluntad democrática del pueblo venezolano.” Mientras Podemos insta al gobierno de España a “la ruptura de relaciones con EE.UU. y la salida de la OTAN”.

El mismo Donald Trump, presidente de EE.UU., hablaba sin tapujos en declaraciones públicas de la “detención” de Maduro por su implicación con el “narcotráfico” que llega a su país y también de los intereses de la industria petrolera estadounidense al afirmar que “Venezuela confiscó y vendió unilateralmente petróleo estadounidense, activos estadounidenses y plataformas estadounidenses, lo que nos costó miles y miles de millones de dólares”. El mandatario de la Casa Blanca justificaba el ataque a Venezuela: “El régimen socialista nos lo robó durante los gobiernos anteriores, y nos lo robaron por la fuerza”. Es decir, intereses geopolíticos y económicos, control de recursos y poco o nada de democracia ni Derechos Humanos, ya que, abiertamente asegura que “controlarán” al gobierno de Venezuela.
Veremos lo que ocurre en los próximos días, semanas y meses, pues el “chavismo” parece que ha resistido el primer envite y la calle, lejos de posicionarse a favor de la “oposición”, más bien se ha manifestado a favor del “socialismo bolivariano”.
También existen voces críticas, que apuntan que la ausencia de respuesta militar por parte de Venezuela a la operación de EE.UU., podría significar una “colaboración” desde dentro. ¿A cambio de qué? ¿Dirigida por quién? Eso estaría por ver. Al respecto recomiendo el artículo del sociólogo, defensor de los DD.HH. y comunicador independiente venezolano, Rafael Uzcátegui, “Venezuela: No ser tontos útiles de las oligarquías (de izquierdas)”.

Pese a la aparición provocadora de algunos individuos ajenos a la manifestación, la jornada de protesta frente a la embajada de EE.UU. se mantuvo en un tono pacífico y reivindicativo. El auto-cuidado de los propios manifestantes evitó roces con el gran despliegue policial y la concentración se desconvocó al cabo de dos horas desde su inicio, instando a proseguir las movilizaciones sociales en apoyo al pueblo venezolano.
Alejandro Prieto

Fuente declaraciones Trump:
https://www.nytimes.com/es/2026/01/03/espanol/estados-unidos/venezuela-trump-que-sigue.html

