
Dentro de los actos del 45 aniversario del Ateneo Libertario de Villaverde, el pasado sábado 20 de septiembre, el sindicato CNT Comarcal Sur organizó la presentación del nuevo libro de Carlos Taibo. Profesor de ciencias políticas en la Universidad Autónoma de Madrid, ya jubilado, Taibo es un referente del pensamiento libertario actual. No obstante, sus simpatías hacia el movimiento anarquista no velan su espíritu crítico y así lo demuestra en sus obras. Carlos Taibo gusta más de definirse a sí mismo como “socialista de frontera”, entendiendo que hay un espacio ideológico y práctico donde el mundo libertario estrecha lazos y tiende puentes con corrientes de un marxismo heterodoxo, como el consejismo obrero de Rosa Luxemburgo. Más admirador de Kropotkin que de Bakunin, en esta nueva obra, sin embargo, encara las polémicas entre el gigantón y revolucionario ruso Mijail Bakunin y el teórico Carlos Marx, durante el siglo XIX, en el seno de la Internacional (la primera, claro está). Sus preferencias ideológicas, más cercanas al anarquismo, no excluyen su admiración de la obra marxiana, aunque recalca que prefiere más al “Marx tardío”, ese que precisamente suelen rechazar los marxistas más ortodoxos, ese Marx anciano que decía de sí mismo “yo no soy marxista” y demostraba cierta admiración por comportamientos comunales de los nativos americanos o de los bereberes del Magreb.
Reproducimos a continuación algunos apuntes a vuela pluma recogidos durante la velada con Taibo y del posterior coloquio que se desarrolló entre las decenas de público asistente.
Carlos Taibo comenta que Bakunin era fundamentalmente un hombre de acción y un “escritor de cartas”, como diría el historiador Max Nettlau. Las cartas de Bakunin en ocasiones iban más allá y se transformaban en folletos. Algunos folletos llegarían a convertirse en libros. Pero Mijail no era un escritor de libros al uso. Su intelecto gozaba de pinceladas de lucidez extraordinaria, pero sus libros en conjunto no eran quizá grandes obras.

Pese a la controversia con Marx, Bakunin siempre señaló su admiración por la obra teórica del pensador revolucionario alemán. Marx sí sería un sesudo estudioso ratón de biblioteca. Aunque Mijail tampoco especificó nunca lo que admiraba en concreto. Suponemos que su admiración por Marx derivaba de la crítica de la economía política, de la plusvalía, de las clases sociales y de la teoría de la explotación capitalista desarrollada por el germano.
Mientras el ruso estaba obsesionado por la fundación de sociedades secretas que impulsaran los procesos revolucionarios, el alemán lo estaba por controlar la Internacional. El choque dentro de la organización obrera estaba servido, en gran medida por el carácter personal de uno y otro, a parte de sus diferencias ideológicas que ahora veremos.
Afirma Taibo que quizá la gran discusión entre Marx y Bakunin fue si era conveniente o no participar en el juego político como Internacional. El Partido Socialdemócrata Alemán y las Trade Unions, con un marcado carácter reformista, apoyarían a Carlos Marx. Los incipientes movimientos anarquistas del siglo XIX en España, Italia, Bélgica y Suiza apoyarían a Mijail Bakunin. La fractura en la Internacional se empezaba pues a fraguar.
Sin embargo, el debate teórico estuvo viciado, a juicio del autor, por los tópicos étnico-nacionales poco afortunados que utilizaron tanto Bakunin como Marx. El ruso pecó con tópicos antisemitas y el alemán poniendo a su país como modelo a seguir en el futuro para otras sociedades. Marx tenía rusofobia y Bakunin era germanófobo.

Mijail Bakunin rechazaba la política convencional: partidos, parlamentos… Marx, sin embargo, era más ambiguo sobre las vías de la transformación social. A veces se decantaba por la violencia revolucionaria como algo inevitable, mientras que en otras ocasiones abogaba por un posibilismo reformista parlamentario.
El desarrollo práctico de la organización de los trabajadores y trabajadoras también difería para ambos. Marx defendía proyectos centralistas. Bakunin era partidario del federalismo y la autogestión. Por ejemplo, el cantonalismo suizo inspiraba el modelo social de Bakunin o las aldeas rusas, en gran medida autogestionadas económicamente a pesar de la opresión zarista. El revolucionario ruso también era muy crítico con el papel de “sabios e intelectuales” que acababan por dirigir los movimientos sociales. Un presagio muy lúcido, sin duda, de la deriva burocrática de procesos revolucionarios que se darían en el siglo XX.
En cuanto a la cuestión del Estado, Marx pensaba que era algo ajeno a la Sociedad y enfrentado a ella. No le gustaba, pero entendía que podía ser una herramienta al servicio del proyecto revolucionario. Bakunin, por el contrario, diría que hay que adoptar medios que concuerden con los fines que se busca. Por tanto, para el ruso el Estado debía ser eliminado y sustituido por colectividades y asambleas.
Sobre el protagonista del proceso revolucionario: Bakunin defenderá el espontaneísmo del pueblo. Aunque él mismo se contradiga en parte con su obsesión por formar sociedades secretas que en la práctica actuarían como vanguardias revolucionarias dentro del movimiento social. El ruso contaba con un sujeto revolucionario plural: proletariado sí, pero también campesinos, artesanos y lumpen. Carlos Marx, por su parte, apostaba por el papel principal del proletariado, de los trabajadores y trabajadoras de la industria.
En cuanto al desarrollo de las sociedades, Marx dibujó un esquema lineal de desarrollo, en el que una sociedad debía pasar inexorablemente por distintas etapas de evolución: Sociedad primitiva, esclavitud, feudalismo, capitalismo, socialismo y comunismo. Aunque esta visión tan determinista y cerrada la revisaría de forma más flexible en sus últimos años. Bakunin no era tan determinista con la evolución y desarrollo de las sociedades y el fruto de los procesos revolucionarios.

Critica Carlos Taibo que tanto Marx como Bakunin no abordan en sus obras el papel de la ecología y de las mujeres en el movimiento revolucionario. Si bien es cierto que Bakunin si muestra más consciencia del papel subordinado de la mujer en la institución familiar. Aquí ambos teóricos se muestran hijos del siglo XIX europeo, en el que la crítica social feminista y ecologista no está ni mucho menos tan presente como lo pueda estar, afortunadamente, hoy en día.
Sin duda, un libro más que interesante, preludio de los muchos que llegarán en 2026 sobre Mijail Bakunin, cuando se cumplan los 150 años de su muerte. Muchas gracias a Carlos Taibo y a los trabajadores y trabajadoras del sindicato CNT Comarcal Sur por organizar tan interesante tertulia literaria histórico social.
Alejandro Prieto


