
Si hemos venido a los Pirineos alguna montaña teníamos que subir. En nuestra última ruta senderista por Navarra decidimos subir al Pico Orhi, en la frontera con Francia de nuevo, desde el paso de Iturzaeta, en el Puerto de Larrau. Siguiendo el consejo de un paisano dejamos el vehículo antes del aparcamiento del otro lado de la frontera y partimos desde un camino, justo antes de tomar el túnel que nos llevaría a suelo galo. Ruta corta, de unos 5 kilómetros, con un desnivel de 500 metros. Prevemos que nos llevará unas 4 horas. Venimos de varios días de rutas largas y la peque del grupo nos amenaza con “amotinarse” si andamos mucho. Luego, en el camino, se muestra jovial y llena de energía.

Cogemos una vereda que nos lleva hacia una de las crestas del Orhi. La montaña se muestra desde el principio, en un paisaje de amplias praderas de alta montaña en la que pastan las yeguas y sus potros. Espectacular paisaje, como nos prometió el paisano de Otsagabia, dejando a nuestra izquierda la Selva de Irati y el valle de Salazar. El Orhi acaba en una zona rocosa, en la que se recomienda tener cuidado por posibles desprendimientos de rocas. Estamos en alta montaña y aunque el camino está claramente indicado, hay que tener respeto y precaución con lo que hacemos. En algunas zonas la estrecha senda que pisamos se precipita en una pendiente a mano izquierda, que en caso de tropiezo puede llevar nuestros huesos muchos metros hacia abajo dando tumbos.

Cuenta la tradición popular que el Pico Orhi es una de las moradas de la diosa Mari, protectora de los genios de la Naturaleza, personificación de la Madre Tierra en el Norte de Iberia. También vive en esta cumbre el señor del bosque o señor salvaje, Basajaun, un gigantón peludo, que algunos denominan como el “yeti vasco”. El Basajaun protege los rebaños de ovejas y avisa con silbidos a los pastores de la presencia de lobos o tormentas para que cuiden sus rebaños. A cambio, los humanos ofrecen trozos de pan y almuerzos al Basajaun. Tanto la diosa Mari como Basajaun están presentes en las cumbres y bosques de Navarra y País Vasco desde antes de la aparición del cristianismo. Mari castiga la mentira y el robo y proporciona los bienes de la tierra y el agua de los manantiales. Tanto los Basajaun como Mari también están presentes en la cultura popular de los valles pirenaicos de Aragón, aunque con distintos nombres.

Pues bien, entre yeguas, potrillas y deidades mitológicas antiquísimas avanza con paso decidido nuestra joven senderista. Pasadas las reticencias iniciales Naya camina a buen ritmo, ayudada con sus bastones, entre los floridos brezos. A mitad de cuesta hacemos un alto para refrescarnos con una naranja y una manzana. El sol comienza a subir, pero un constante viento, muy acusado en un primer collado en el que paramos para ver el lado francés, nos mantiene frescos. Nuestra perra lo goza, trotando por sendas y praderas. Eso sí, controlamos que no moleste al ganado equino ni al rebaño de ovejas con el que nos toparemos más arriba.
Poco a poco vamos subiendo, manteniendo un buen ritmo, pese a la fatiga acumulada de varios días ininterrumpidos de sendas por montes, bosques y ahora alta montaña. Por fin llegamos al último trecho de la ida, que discurre por un sinuoso zig zag que facilita la acometida a la cumbre. ¡Y llegamos! 2.017 metros… Naya ha subido su primer 2K y se nota en su sonrisa de oreja a oreja. También en la de su hermana y en la de su padre, claro que sí. Ole nuestra peque.

En la cima compartimos charla y descanso con otro montañero catalán y su hija. Al rato llegan tres jóvenes francesas. Desde el Pico de Orhi divide la región francesa de Sola de Navarra y es la primera montaña en superar los 2.000 m en los Pirineos empezando desde el mar Cantábrico. Al Norte vemos desde su cumbre las montañas de la vertiente francesa, menos frondosas, que el esplendor verde que se despliega al Sur con la Selva de Irati. Al Este los Pirineos aragoneses muestran su majestuosidad, con alturas más notables. El aire corre libre y puro y nuestra vista se pierde en el horizonte. Hasta nuestra joven galga busca un otero desde el que perder su vista en la lejanía. Algunas rapaces, buitres, planean suavemente por debajo o por encima de nosotras, dejándose llevar aparentemente sin esfuerzo por las corrientes de aire.

La bajada la realizamos por el mismo camino, satisfechos de haber pisado la tierra de antiguas criaturas mitológicas, que sin duda nos han ayudado en nuestro nuevo caminar por la Madre Tierra. Gracias pues a los basajaunes y a la diosa Mari por tan magnífica jornada senderista.
Javi Prieto Sancho e hijas








