El estadio de las lunas rotas

Butragueño

Los tres bloques de pisos de ladrillo visto forman una plazoleta de tierra entre los tres portales: los números 92, 94 y 96 de la calle Tembleque, del barrio de Aluche. La plaza es el campo de juegos, campo de batalla y campo de retiro de los chicos del barrio. Juanan, David, Rubén, Dani, Sergio, Javi y Alfonso se pasan las horas muertas entre la tierra y los aligustres y rosales que bordean la plazuela. Llega la tropilla del cole, suben rápido las escaleras, dejan las mochilas tiradas en la habitación y bajan saltando los escalones de tres en tres. Psicomotricidad de zagal, raramente hay caídas en las escaleras.

Hoy toca partido. Atleti contra Madrid, porque el finde hubo derbi de primera división y hoy toca derbi de la chavalería del barrio. David, Fonso y Javi forman el Atleti. Juanan, Sergio, Dani y Rubén el Real Madrid. Los indios tienen uno menos, así que gozan de la figura del “portero delantero”; es decir, su guardameta puede salir como un jugador de campo más o un jugador de campo puede utilizar las manos para parar cuando está cerca de su portería.

La plaza no tiene áreas delimitadas, las fueras es cuando el esférico traspasa el seto de aligustre.
-¡Vamos, tíos! Vamos a empezar ya que luego nos llaman las madres para comer y se acaba el partido.

Así es, el tiempo de juego es incierto, pero alrededor de una hora los zagales podrán emular a Michel, Landáburu, Chendo, Pedraza, el Buitre o Votava. El balón de reglamento Micasa, blanco con triángulos rojos echa a rodar. Los esquemas están claros: El Madrid tres atrás y un delantero algo más adelantado. El Atlético con los tres atrás, con las alas algo más desplegadas al ataque. Una vez el balón comienza a rodar, los esquemas se rompen y el barullo de polvo y piernas es monumental.

Arteche

-¡Pasa, pasa, Fonso!-David está solo ante el portero.

Alfonso regatea a diestro y siniestro, levanta la cabeza, centra a lo que sería el centro del área y David engancha el esférico según viene y cuela la pelota rozando el poste. ¡Goool! del Atleti. 1 – 0, porque hoy la plaza es el Vicente Calderón. David, Javi y Fonso se abrazan mientras vuelven a su zona del campo. Rubén, el portero vikingo, maldice su suerte.

-¡Chicos, idos a jugar al parque! Qué tengo la ropa tendida y estáis levantando una nube de polvo que pa´qué… -Ramona, desde el balcón de la cocina del tercero D trata, en vano, de acabar con el partido antes de tiempo.

En la plaza todos se hacen los sordos. La estrategia del “no te oigo” suele funcionar, porque Ramona no va a bajar a echarlos. Algunas vecinas se han olvidado que sus hijos, ya crecidos, también levantaron polvo cuando eran unos críos.

El partido sigue. El Real Madrid aprieta. Juanan, el pequeño de la pandilla, demuestra su habilidad emulando los regates de Emilio Butragueño, pero al llegar a las inmediaciones de la imaginaria área atlética se encuentra con la expeditiva defensa de David, emulando a su vez al bigotudo Arteche. Juanan cae al suelo y los madridistas claman al unísono:
-¡Penalti!
-Pero si he tocado balón… -se defiende David.
-Balón y tibia y peroné del pobre Juan. ¿No ves que no puede ni levantarse? -explica Sergio, que para algo es el de mayor edad.

Juanan, mientras tanto, para disgusto de su madre, se revuelca por el suelo, teatralizando la caída a ver si sacan el penalti. Como no hay árbitro, los dos equipos tienen que negociar si ha sido falta, penalti o nada de nada.
-Venga, vale, ha sido falta pero al borde del área -los atléticos conceden la falta, pues la representación de Juanan ha sido de las buenas y la entrada de David un tanto dura.

Javi y Alfonso se ponen en la barrera, a tres pasos, tapándose los testículos con ambas manos. David en la línea de gol. Juanan se dispone a lanzar. Dani se abre al lateral derecho y Sergio espera detrás. Juan hace el amago de chutar, la barrera salta, en el último instante toca de tacón hacia atrás y Sergio patea, pero David atrapa en una palomita innecesaria, pero que queda muy lograda. La ropa del guardameta delantero luce con polvo. Ya tenemos dos madres enfurruñadas a la hora de la comida, casi seguro. La tensión se masca en la cancha.

Julio Prieto

Se reanuda el encuentro, con posesión para los rojiblancos…
-¡Alto! -Javi es el que ha gritado.

Todos se paran como estatuas, Alfonso con el balón bajo su pie derecho, con el merengue Dani a su lado. La anciana de la torre, del portal 94, pasa por mitad de la plaza con su carro de la compra. Los parones para el paso de vecinos y vecinas ya están automatizados después de cientos y cientos de juegos. La señora, con parsimonia, atraviesa la plazoleta a su ritmo, mete la llave en la cerradura del portal, mete el carro, cierra la puerta y nada más oírse el pestillo del portalón, el partido se reanuda deshaciendo el encantamiento de las estatuas. Alfonso avanza por la banda pero Sergio, que llega por detrás para apoyar a Dani, le roba la pelota y comienza el contragolpe blanco. Fonso se rehace y hace valer su punta de velocidad. Cerca del córner, da una fuerte patada al balón para despejar el peligro inminente. El esférico atraviesa el seto de aligustre, descapulla unos rosales y se estrella contra una de las lunas de la cocina del primero D del bloque 92.
-¡Crash! -un cristal roto cae hecho añicos dentro de la terraza acristalada.

Sale una señora muy tranquila de la vivienda, mira el desaguisado del cristal roto y mira a los chavales.
-Perdona, mamá, he sido yo -se disculpa Alfonso medio riendo y rascándose la cabeza.
-Disculpa, Carmen -acierta a decir también Javi.
-Chicos, tenéis que tener cuidado, que con siete años ya chutáis fuerte y mira lo que pasa. Anda, acabad el juego y preparaos para comer, que por la tarde hay que volver al cole. Ya hablaremos del cristal, hijo -y les devuelve el balón lanzándolo con la mano al centro del Vicente Calderón.

-¡Joe, menos mal que ha sido tu casa, Fonso! -dice Rubén.
Y todos ríen divertidos… ¡ja ja ja!
-Bueno, dile a tu madre que el cristal lo pagamos entre todos -comenta David.

Para reanudar el juego, el Madrid saca de banda. Sergio lanza con las manos y Dani de volea, golpea con sus Kelme el balón. Javi estira sus Puma y con la puntera del pie derecho logra desviar el esférico, que sale rebotado en el tronco del sauce llorón, con tan mala suerte que se estrella en la luna delantera del Renault 21 turbo que acaba de aparcar. Un hombre de treintaitantos años, con bigote, se baja malhumorado del vehículo. Es el “polaco”, un militar, oriundo de Cataluña, que vive en el bajo B de la torre.
-¡Estoy hasta los cojones de vuestros juegos, chavales!

Se acerca a Javi, le estira de la oreja y le da una colleja.
-Quiero que os vayáis de aquí echando ostias o llamo a la policía municipal… ¿Entendido?

El “polaco” suelta a Javi, entra en el portal y sale a los pocos minutos con su gorra de militar bajo el brazo. Mira a los zagales con cara de pocos amigos, se mete en su Renault 21 turbo recién lavado y encerado, arranca y se va, suponemos que hacia el cuartel de Campamento del Servicio Geográfico del Ejército de Tierra.

Los chavales se miran unos a otros, las miradas bajas, cariacontecidos…
-¿Qué hacemos? -pregunta Sergio.
-Pues acabar el derbi, ese pringao no me tiene que pegar y ¡esto no es su cuartel! -exclama Javi.

Todos sonríen y el balón echa a rodar de nuevo, tras un bote neutral que pactan los dos equipos para reanudar el juego. Un gato callejero sale despavorido de los cubos de basura, perseguido por un perro aparentemente sin dueño. El felino entra en el campo de juego, perseguido por el can.
-¡Alto! -exclama David, que coge al perro del collar para que deje de perseguir al gato.

En el parque una voz llama al chucho de color negro.
-¡Congo! ¡Congo!
-Aquí está, Toñi.

Toñi, acompañado de su amigo Pelos, llegan a la plazoleta en un trote. Ambos visten chándal Adidas negros, con tres rayas blancas que atraviesan el lateral de sus piernas de arriba abajo. Lucen camisetas de Iron Maiden y Leño y zapatillas Yumas. Son de la pandilla de mayores, rondando los dieciséis años.
-Gracias, renacuajos -enganchan a Congo con la correa y los tres vuelven corriendo a un banco del parque con el resto de la panda.

El gato, encaramado en las ramas bajas de un pino, en una esquina de la plaza, respira tranquilo.

Nuevo bote neutral. La plaza se llena de olores de guiso y cocido. La hora de comer debe estar al caer. Cuando la primera madre salga a la cocina llamando a su hijo para el almuerzo, se acaba el encuentro. La tensión se palpa en el aire, junto a la nube de polvo que han levantado los críos al batir la tierra con sus deportivas.

Bote neutral para reanudar el juego. Puede que queden dos o tres jugadas. El Atleti sigue ganando por la mínima, pero el Madrid está apretando y echarán el resto en los pocos minutos que quedan para finalizar la contienda. Está en juego reírse del equipo rival el resto de la semana, nada más y nada menos.

Tomás

Sergio se atusa su media melena morena. Alfonso aguza sus ojos marrones, casi negros. Javi levanta el balón con su mano derecha para dejarla caer suavemente. El esférico cae como en cámara lenta, Sergio trata de echar el Micasa hacia el lado derecho donde espera Dani para recibir. Alfonso se adelanta, pero incapaz de dar una dirección acertada al balón, golpea demasiado fuerte, para que al menos no cojan la posesión los madridistas. El balón de reglamento vuela por encima de la cabeza de Juanan, lo cual no es muy difícil pues es el más bajo de la pandilla. Prosigue su vuelo la pelota por encima del aligustre que bordea la plaza. Va con fuerza. Será saque de banda para el Real Madrid. Rubén y Javi adivinan el destino del esférico. Rubén se tapa los ojos y Javi vuelve la cabeza sin querer ver el desenlace…
-¡Crash! ¡Cataclás!

La luna de dos metros de alto, por tres de ancho, del Bar Aries de Edu ha volado por los aires. El Micasa cae mansamente a los pies de la barra. Los parroquianos interrumpen sus juegos de cartas. El camarero asturiano coge el balón bajo su brazo derecho. En el izquierdo lleva su paño de cocina.
-Chicos, me cago en dios y en la madre que os parió… -dice conteniendo su rabia entre dientes, bajo su mostacho rubio.
-¡Perdón, Edu! -exclama alguna voz desde el Vicente Calderón.

En ese momento llega al barrio Alfonso padre y Maxi, el papá de Javi, aparca su taxi, Seat Málaga.
-¡Madre mía, gurriatos! …la que habéis liado -comenta Alfonso padre con los ojos como platos.
-Ha sido tu hijo, Alfonso. Así que ya estás soltando las perras -dice Edu y extiende la mano como queriendo cobrarse ya los platos rotos.
-Están jugando los chicos del barrio, déjame que hable con sus padres y pagamos todos -trata de negociar Alfonso padre.

Llega Maxi a la escena.
-Hola, Edu. ¿Cuánto cuesta la entrada al estadio de las “Lunas Rotas”?
-Yo que sé, Maxi… ¿5.000 pesetas? Habrá que avisar al cristalero y ver.

Alfonso padre y Maxi sacan del bolsillo 2.500 pesetas cada uno y adelantan el dinero a Eduardo. Los tres se miran y acaban estallando en una risotada que alivia la tensión del momento. Los niños no saben si participar de las risas, pero intuyen que mejor seguir cabizbajos con cara de culpables. Ya habrá ocasión para reírse del derbi más adelante.

Javi Prieto Sancho

1 comentario

  1. Fernando Ruiz

    Entrañables tiempos en los que se tenía imaginación y sin medios se disfrutaba muchísimo , además se hacía mucho ejercicio y se disfrutaba de estar en la calle.
    Gracias Javi por tan entrañable relato.

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