Pocas rosas, frío y labores de invierno

¿Qué esperabas del invierno? Si eres una persona conectada a la Naturaleza habrás observado que es la estación del recogimiento, de la acumulación de energías, de las tareas soterradas. Menos horas de luz solar y el frío empujan a la mayoría de animales a permanecer más tiempo a refugio, descansando, durmiendo, condurando las reservas. La explosión de vida de primavera y verano se está preparando bajo tierra, en las raíces y madrigueras.

En el jardín las rosaledas se muestran adustas. Tallos con más espinas que hojas, alguna rosa despistada en un desierto de pétalos. Si el jardinero es atento habrá eliminado las flores secas que embellecieron el otoño. También puede abonar la tierra para que las plantas encuentren nutrientes el día de mañana. El rosal agradecerá la poda de ramas sobrantes, pero con cuidado de las heladas, no quemen las yemas de las próximas flores. El manto de hojas caducas que ha cubierto y protegido la tierra estos meses gélidos lo podemos ir recogiendo. Es tiempo asimismo de cavar, con laya o azada según gustos, para airear las raíces y facilitar su crecimiento, su nutrición y su respiración. En el mundo vegetal, lo que vemos arriba viene de abajo, de unas buenas raíces que sostengan y proporcionen buenos alimentos a la planta. Si tenemos eso las rosas vendrán solas.

Igual podemos hacer las personas. El invierno es un buen momento para el recogimiento interior. Como la osa que hiberna, como el gato junto a la estufa enrollado sobre sí mismo, como el zorro en su madriguera…

Y en ese sosiego disfrutar de nuestra calma y aprender de nuestra solitud, de esa soledad maestra de vida. ¿No te has fijado que los personajes inspiradores de la Historia hicieron migas con su soledad, fuera ésta deseada o no? Nelson Mandela en su celda, María Pacheco en la resistencia del Toledo comunero, Frida Kahlo postrada en cama tratando con sus huesos destrozados en accidente, Séneca al ser desterrado de Roma, Hipatia en la biblioteca de Alejandría acorralada por sus detractores, Guevara en cualquier sierra o selva del “Tercer Mundo”… Ejemplos mil.

El caso es que nosotros y nosotras podemos utilizar también el invierno para podarnos, para eliminar con paciencia y persistencia hábitos nocivos, cortar relaciones tóxicas, reducir nuestro consumo tecnológico de “contenido basura”. Podemos abonarnos con buena nutrición, descanso y sueño adecuados, ejercicio físico, meditación. El frío es buen compañero de un plan de sofá, manta y buena lectura o películas nutritivas y motivadoras. Leer, escribir, pintar, hacer un puzzle, colorear… actividades que nos conecten con nosotros mismos. A fin de cuentas la relación más importante que tenemos que cuidar es con nosotros, con nosotras, ya que es la base de nuestra pirámide de vida.

En la calma y el silencio es donde podemos encontrarnos y saber qué nos conviene y qué no. Una vez establecido el rumbo tocará navegar hacia allí. Sabiendo eso sí que en la travesía vendrán tormentas y dificultades, pero que paso a paso podemos afrontar, aprender y crecer con cada milla navegada. Juan Sebastián Elcano no imaginaba en su partida de Sevilla en 1519 que sería el primer capitán marinero en circunnavegar el planeta Tierra. En 1522 volvía a casa tras pasar innumerables dificultades y penalidades de todo tipo. Pero hay que tener un rumbo, porque si no, como decía el filósofo hispanorromano Séneca, “a quien no sabe hacia dónde navega, ningún viento le es favorable”.

Cultivar un jardín es una buena analogía con el cuidado de la propia vida: paciencia, laboriosidad, persistencia, mimo… El jardín se cultiva día a día, con pequeñas acciones cotidianas que se acumulan unas sobre otras. La dejadez y el descuido también crecen igual, con pequeños gestos que vamos incorporando a nuestra vida. En el fondo estamos eligiendo en cada momento presente una u otra versión de nuestro ser. De nosotros depende cultivar lo que nos hace lucir bonito o dejarnos llevar por la desidia, la pereza y el camino fácil.

Las rosas volverán, no te preocupes por ellas, simplemente trabaja en ti. Aun sin ganas, incluso sin creerte, cultívate, echa raíces, lo demás viene solo. Me lo recuerdo a mí mismo para que no se me olvide. Las labores de invierno nos darán la belleza de primavera.

Javi Prieto Sancho

2 comentarios

  1. Fernando Ruiz

    Que buena comparación,levanta el ánimo.
    Al final nos deberíamos dejar llevar por los ciclos naturales y como buen dices aprovecharlos que para eso están,sin darnos cuenta y siguiendo ciertas pautas al final desperdiciamos estos ciclos,una pena,tendremos que cambiar algo.

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