Mis compas del cole dicen que el 31 de octubre es Halloween. Mi abuela dice que el 1 de noviembre es el día de Todos los Santos. Esos dos días, parece ser, los espíritus de las personas muertas andan algo revoltosos. Los espíritus de las personas y de los otros animales, claro.

Mi papá me ha tratado de explicar qué es eso del espíritu. Pero se ha hecho un lío. Yo creo que el espíritu es como un fantasmita que tenemos dentro y que nunca se muere. Cada fantasmita es único e irrepetible. Por eso todos y todas somos especiales.
El caso es que con el Halloween y Todos los Santos, llevo unas noches un poco revuelta esta semana. En la oscuridad y en silencio, cuando duerme mi familia, me visitan algunos fantasmas y no me dejan dormir.
El ánima de los Mocos Colgantes me babea en la cara. El monstruo del Polo Norte me congela el pie derecho. La fantasma de la gallina del Huevo Podrido al pasar correteando deja un pestazo en la habitación. Y así ya van varios días. Bueno, varias noches. Así que deseando estoy que nos comamos ya la calabaza de Halloween y se acaben las fiestas de los muertos.

Claro, que si los espíritus de animales y personas muertas campan a sus anchas esta semana cuando cae el sol, seguro que también estarán por ahí las almas de mis seres queridos, que ya no viven con nosotros. Se me ha ocurrido una idea para dormir mejor esta noche.
Se acabó la tarde. Ha oscurecido. Ceno y me lavo los dientes. Me pongo el pijama para estar cómoda y echamos una partida a un juego de mesa. Ya en la cama, leemos un cuento y a dormir. Ahora es el momento: silbo.
—¿Qué haces, Naya?
—Llamo a Senda, papá.
—Pero la perrita murió, hija.
—Ya lo sé, papá. Llamo a su espíritu para que me proteja por la noche, porque los fantasmas me están molestando en sueños.
—Claro, nena.
Esta noche el espíritu de Senda duerme al lado de mi cama. Noto su presencia fuerte y vigilante. Cuando llega el fantasma de los Mocos Colgantes, Senda se despierta y se levanta veloz como cuando era joven. Muerde la sábana del aterrado fantasma y le saca al patio para que no me moje con sus babas ni sus mocos.
Al rato, es la ánima de la gallina del Huevo Podrido quien huye por la ventana, ante el valiente espíritu de mi lobita Senda. Por último, ya avanzada la noche, cerca del alba, es el monstruo del Polo Norte quien no se atreve a acercarse a la habitación cuando Senda comienza a ladrarle.
Por fin duermo tranquila en estas noches de Halloween. Una lucecita se enciende en la mesita de noche. Es papá que se prepara para ir a trabajar.

El padre arropa a la niña, que ha sacado el pie derecho fuera del edredón. Pone al gato a los pies de la cama, para que no lama la carita de la niña. Y ventila un poco la habitación, abriendo un poco la ventana, porque el felino se debe de haber tirado un pedete y huele a huevo podrido. Al salir hacia la cocina se tropieza y la hija se despereza.
—¡ Cuidado, papá! Que pisas el rabo de Senda, que está tumbada a mi lado.
Javi Prieto Sancho


