Corriendo con “lobas”

Después de entrenar…

Salir al monte a correr con el ocaso es un lujo gratuito que poco se valora. La sensación de libertad, de sentir tu cuerpo en armonía con la Naturaleza, la limpieza que hace el esfuerzo del estrés y los sinsabores del día. Sentir el momento en el que tus dos plantas de los pies están en el aire a la vez, tocas tierra, te impulsas y vuelves a “volar” fugazmente. La cadencia va metiéndote en un estado de meditación en movimiento, como diría el monje budista vietnamita Thich Nhat Hanh. La cadencia de tus propias zancadas y la respiración acompasada te introducen en el momento presente y de repente todo fluye. Ahí estás, simplemente corriendo. Muchos corredores y corredoras lo experimentan. Por eso repiten, por esa sensación de plenitud y bienestar físico y psicológico y emocional que proporciona el ejercicio físico. El entorno natural facilita y multiplica esa sensación.

Correr con perros, en mi caso con dos perras, es otra sensación particular. Correr con canes es una práctica humana mucho más antigua que la mayoría de nuestros hábitos modernos: ver el móvil o cualquier otra pantalla, conducir un coche o comprar en un supermercado. El ser humano lleva corriendo en “manada” con lobos y canes, desde que domesticó a los primeros cachorros de Canis lupus, allá por el 10.000 a.C. De alguna manera muchas personas lo llevamos en el ADN biológico, quiero pensar.

Nuestros compañeros peludos, libres de ataduras, si están bien entrenados, se coordinan de forma instintiva y natural con nosotros, como en una batida de caza prehistórica. Corren a nuestro alrededor, se pierden entre coscojas y encinas y al rato vuelven a aparecer en el sendero, jadeantes, al oír nuestro silbido de llamada. Las perras gozan la carrera, su musculatura está entrenada y en plenas condiciones. Da gusto ver cómo despliegan su máximo potencial en carreras al sprint tras un conejo o en el trote de resistencia durante varios kilómetros seguidos. Saltan muros de piedra, trepan riscos, siguen la senda y mantienen la cohesión de la manada. Entienden el valor del grupo, entienden que lo que se está haciendo es importante, lo más importante en ese momento. El momento presente de Thich Nhat Hanh, el cuidado personal, el cuidado de nuestro compañero animal, el cuidado del bienestar grupal.

El otro día volvíamos al trote por la senda. Nala y Mika algo más adelantadas. De repente las perras paran en seco, Mika la cachorra de carea, retrocede indecisa y se sitúa detrás de mí buscando protección. Yo no consigo ver qué tenemos delante, pues el camino hace un recodo y una encina y una retama tapan mi visión. Nala, la galguita arranca y acelera decidida contra lo que sea que nos espera en el camino. Acelero yo también para valorar el peligro y logro distinguir tres manchas robustas, oscuras, de tamaño mediano que se internan entre la fronda buscando protección. Las manchas pardas tienen un arranque poderoso, fuerte y pronto alcanzan velocidad dentro de los matorrales. Son una familia de jabalíes. Menos mal que las dos que parecen más jóvenes no son jabatos, crías pequeñas, pues en ese caso la jabalina se hubiera mostrado mucho más agresiva con nuestra presencia. Nala persigue por instinto, por juego, por ver quién corre más, pero al rato vuelve por mis llamadas. Mika, la cachorra, sigue mi trote de cerca. Uno de los jabalíes jóvenes ha salido en dirección contraria a sus compañeros. Más tarde se encontrarán, cuando dejemos de nuevo el monte para sus legítimos dueños, los animales salvajes, en este caso conejos, jabalíes, corzos, zorros, búhos reales, culebra bastarda, víboras, milanos y otros bichos que hemos ido descubriendo a lo largo de nuestras correrías.

Llegamos a casa y perras y yo tenemos nuestro subidón de endorfinas. La química natural del cuerpo que ayuda a regular las molestias del esfuerzo físico y que van generando un clima de bienestar personal que nos acompañará en nuestra vida cotidiana. No es magia, es esfuerzo, constancia y dejarte aconsejar por grandes amigos que tanto me han enseñado sobre el deporte y sus beneficios. Gracias por enseñarme tanto en nuestras charlas, compas.

Seguimos como en aquella mítica película donde un desertor del ejército yanki comienza una nueva vida en territorio Sioux y entabla una bonita amistad con un lobo solitario. Bailando con lobos. Corriendo con nuestras jóvenes lobitas por nuestra Madre Tierra. A veces qué poquito cuesta ser feliz…

Javi

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