
Pocas cosas hay en la vida que perduren en el tiempo. En la naturaleza la belleza está a cada paso, cambiante y adaptándose a las estaciones, solo hay que ir atentos para disfrutar de lo que nos ofrece sin pedir nada a cambio. Lo que para unos es algo precioso, digno de admirar, para otros es algo que no le aporta nada y pasa desapercibido a sus ojos.
Esta imagen bien podría ser un ejemplo. Atraer la mirada contemplativa de quien ve una flor marchita, con apenas dos pétalos que recuerdan el porte de hace unos días, y quien ve unos capullos a punto de abrirse y mostrar al mundo una rosa con todo su esplendor. También están, los que como la que escribe, observa el conjunto y se da cuenta de lo poco que dura la belleza en la cotidianidad del día día y como a cada momento puedes encontrar instantes bellos, que repito, si vas atento te hace por unos segundos sentirte pleno, afortunado y dar gracias por estar vivo.
Personalmente creo que los momentos más bellos y efímeros que hay a diario son el amanecer y el atardecer. Nos regalan colores distintos, una luz mágica, dorada, que abrillanta todo lo que nos rodea y nos recuerda que después de un día viene otro y otro y otro, que todo es cíclico.
El amanecer anuncia un nuevo día, el ocaso que llega la noche con sus sombras lunares. No duran mucho, pero no pasa nada si un día te lo pierdes porque al otro día tenemos la oportunidad de disfrutar de nuevo del espectáculo.
A modo de reflexión, ¿sois más de ver la flor marchita como algo feo o veis la belleza de lo que fue?
Como sea vuestra respuesta será como vivís vuestra vida, aplicable a pasar experiencias desagradables y ver lo malo o ver el aprendizaje. Pasar por una enfermedad y quedaros con el sufrimiento o con la fuerza demostrada para salir de ella. Sentir la desesperación de un despido o ser consciente de la oportunidad que se abre ante ti.
Si no te gusta la respuesta, siempre puedes cambiar de mirada.
Ana Aznal


Necesaria reflexión.
Gracias Ana Aznal.
Buena reflexión. Siempre viene bien que nos recuerden que estamos a tiempo de cambiar nuestra mirada.