En el tiempo errante

La muerte,
escenario del cambio,
con sus esquinas y sus curvas salientes,
con sus dobleces.

La muerte
pronostica cambio
desde la caída implacable
del castillo de naipes.

Viento fulminante
de la quietud agonizante.
Relincha el caballo,
suenan las trompetas.

La alfombra roja llega
bajo pasos que sentencian
el final de la costumbre
de la tradición, de lo eterno.

Quedamos para parar el tiempo,
entre lo mío y lo ajeno.
Sube la espuma que llena todo,
abriendo mares entre tempestades,
ríos en las soledades.

De páramos sin nombre,
acostumbrados al frío y al recuerdo,
de colores despojados,
uno tras otro atrapado.

En el tiempo errante
de una vida paralizante
de sueños desbordantes
en jaulas de brillantes.

Indeleble Munay

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