
Viriato es una de las personas de la península ibérica que lucharon por su libertad contra el imperialismo de Roma, cuando la ciudad de las siete colinas era República aún. Nos remontamos al siglo II antes de Cristo.
Su nombre latino, Viriathus, ha trascendido los siglos de Historia que nos separan, porque se convirtió en el líder guerrillero que mantuvo en jaque a las legiones romanas, durante siete duros años de campañas bélicas. Viriato dirigió una hueste de miles de guerreros, fundamentalmente lusitanos, pero también de otros pueblos aliados como los vetones. Arévacos, titos y belos, pueblos celtíberos, se sumarían también a la revuelta de Iberia contra Roma, pero actuando en su territorio, con total autonomía. Famosa es la resistencia de Numancia, baluarte de los arévacos.
Los lusitanos y celtíberos formaban un crisol de pueblos que coexistían, con fronteras poco definidas y sin organizaciones estatales. Su economía tenía una fuerte base agrícola y ganadera, aunque también ejercían artesanías, metalurgia y comercio. Generalmente vivían en relativa armonía con su medio natural, donde consideraban que moraban gran parte de sus deidades, como Endovélico o el dios lobo.
Los pueblos iberos y celtíberos a veces se enfrentaban entre ellos, en guerras de baja intensidad. Cuando las guerras púnicas entre Cartago y Roma llegan a la Península todo cambia. Roma impondría un modo de guerra nuevo, con sus legiones, ejerciendo un régimen de terror a los pueblos que no se sometían a su dominio. Matanzas, esclavitud, amputaciones de manos a los varones para que no pudieran combatir, violencia sexual a las mujeres eran práctica habitual. Roma, asimismo, trajo otra concepción de habitar el entorno, con una explotación de recursos naturales, incluidos los seres humanos, mucho más sistemática y extractivista y con una base esclavista más acentuada. Aunque la esclavitud, en mayor o menor medida, era corriente en la antigüedad en casi todas las civilizaciones.
En Lusitania pronto probaron los nuevos métodos de dominación. Los lusitanos pagaron con casi 10.000 vidas y 20.000 personas esclavizadas el confiar en la palabra del pretor romano Galba, que supuestamente les iba a repartir lotes de tierra fértil a una masa de familias y guerreros desarmados. Viriato fue uno de los jóvenes que sobrevivió a aquella traición. La palabra de Roma no tenía valor. La honra no significaba lo mismo para unos y otros.
Un pueblo empobrecido, arrinconado y traicionado protagonizaría una rebelión que los romanos nunca pudieron someter en los campos de batalla. La táctica guerrillera de Viriato y su hueste derrotó varios ejércitos consulares a lo largo de años. Una caballería ligera rápida y audaz. Emboscadas. Una infantería dispuesta a seguir a su líder hasta la muerte. De hecho, la milicia “bárbara” bajo Viriato no protagonizó ningún acto de indisciplina colectiva. Pero Roma siempre tenía nuevas legiones que enviar a Hispania al año siguiente y los pueblos de Iberia ni se unieron ni se levantaron en masa contra el invasor. Otras poblaciones nativas optaron por el comercio, la sumisión o cooperación con Roma, como antes hicieron con Cartago.
La novela del portugués Joâo Aguiar nos sumerge magistralmente en la Iberia prerromana y su confrontación con la ciudad Estado del Lacio que cambiaría el mundo del Mare Nostrum. Páginas de aventuras, de Historia y de ficción bien hilvanada. ¿Cómo se vivía sometido y enfrentado a Roma? ¿Qué costumbres y dioses tenían los nativos de la península antes de convertirse en Hispania? ¿Cuál era la concepción de la libertad y autonomía para estos pueblos sin estado? Un canto a la libertad, cuyo final -que muchos conoceréis- no queremos desvelar.
Viariato es un personaje histórico que incluso consiguió que sus vencedores admirasen sus virtudes. De hecho invencible en la guerra, logró ser reconocido como “Amigo de Roma”, distinción otorgada a los reyes “bárbaros” (léase extranjeros o no romanos) que se consideraban aliados. Aunque la palabra del senado romano, como en otras ocasiones, fuese a la postre una artimaña.

Se le presenta en las crónicas romanas como un jefe militar justo, austero, hábil, valiente. De alguna manera nos encontramos ante un héroe clásico, incluso con su tragedia épica. Así lo vieron cronistas latinos de la época, como Apiano, Diodoro de Sicilia o Tito Livio, que exaltaron su figura y virtudes después de muerto. La novela inventa, claro, pues las fuentes históricas no aportan todos los detalles de la vida del rebelde. Pero la invención de Aguiar, sobre una sólida base histórica resulta de lo.más verosímil y plausible, a la par que entretenida.
Nos venden una y otra vez “una de romanos”. No dejamos de ser una provincia del actual imperio estadounidense y eso culturalmente tiene su peaje. Acercarnos a la figura de este personaje histórico de la Iberia antigua, de la mano del escritor luso, es un acto en sí mismo de independencia cultural y pensamiento libre. Por mi parte, me quedo con “una de lusitanos y vetones”: Viriato. Iberia contra Roma.
Javi Prieto Sancho
Agradecemos a Jesús Rebollo la foto de la estatua de Eduardo Barrón de Viriato en Zamora: “Terror romanorum”


Leer el libro sobre Viriato en este junio veraniego del año 2025 me ha sido como un sorbo de agua fresca, estoy encantado de haber conocido a un amante de la libertad todo mi respeto.