
Qué bien que estés ahí,
que sostengas
y no sueltes la mano.
Tu voz
y tu abrazo invisible,
tu paciente y constante cuidado.
Reconfortas,
tienes la palabra justa
aunque no siempre cómoda.
Qué bien que estés ahí,
que sostengas
y no sueltes la mano.
El oasis del desierto,
el bote en el naufragio,
sherpa montañés en el sendero.
Gata en la noche,
escondida en el día,
invisible y presente.
Gracias por tu tono,
tu risa aleccionadora,
tu dulce reprimenda.
Qué bien que estés ahí,
que sostengas
y no sueltes la mano.
Suave en la subida,
templada en la bajada,
el camino se vuelve escuela a tu lado.
*
Javi


Qué bien que estés ahí.
Me gustó mucho.
Me hizo pensar a quién se lo dedicaría yo.