No sueltes la mano

Qué bien que estés ahí,

que sostengas

y no sueltes la mano.

Tu voz

y tu abrazo invisible,

tu paciente y constante cuidado.

Reconfortas,

tienes la palabra justa

aunque no siempre cómoda.

Qué bien que estés ahí,

que sostengas

y no sueltes la mano.

El oasis del desierto,

el bote en el naufragio,

sherpa montañés en el sendero.

Gata en la noche,

escondida en el día,

invisible y presente.

Gracias por tu tono,

tu risa aleccionadora,

tu dulce reprimenda.

Qué bien que estés ahí,

que sostengas

y no sueltes la mano.

Suave en la subida,

templada en la bajada,

el camino se vuelve escuela a tu lado.

*

Javi

2 comentarios

  1. Rafael Porcel

    Me gustó mucho.
    Me hizo pensar a quién se lo dedicaría yo.

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