
Todo azul-metálico, nocturno,
piedra dura, hielo estable.
La mirada se vierte en la inmensidad.
Con el cariño de ahora, con la emoción de su momento.
Nada debo, todo lo dejé vacío…
No huele, no hay viento ni sonido.
Dos farolas en permanencia:
mi calor, mi sustento, mi ternura.
Y pasando las temporadas
(tan infinitas!)
se calma la respiración:
vaivén de olas haciendo pie.
Carlos Escriña Burgos
Cuadro “Espigón con farolas”, junio ’26

