Don Cosme

Don Cosme es cordobés. Más concretamente de Tassierra. Lo conocimos una tarde, hace ya once años, en la que varias familias nos reunimos para celebrar nuestra amistad .

Unos llegaban de Levante, otros del centro de la provincia y la tercera familia habitaba esa tierra andaluza. Como decía, al llegar a la casa entramos por donde estaba la piscina y bajando por la linde de la parcela de los amigos se acercó totalmente decidido a saludarnos. Era una pequeña bola de pelo que andaba perdido y decidió probar suerte con esa gente que celebraba su encuentro con sonada algarabía.

El gatito se nos subía al regazo, y como tenía pinta de estar enfermo, cosa que más tarde se confirmó, le echábamos al suelo no fuera a contagiarnos cualquier cosa. Pese a dos noches de lluvia y frío serrano, el gato no se quiso ir de nuestro lado. Seguramente ayudó mucho que mi marido le ponía comida a escondidas.

El caso es que Don Cosme se fue ganando el corazón del grupo que pronto empezó a plantearse ponerle nombre al michino. Las niñas decidieron llamarle Rayo Cósmico. Creo que este es el núcleo en el que se fraguó su actual nombre, Cosme y Cósmico…

El siguiente paso fue un complot general contra el que escribe estas letras. Yo no quería otro gato en casa pues con nosotros ya vivía Casilda, una gata tricolor que abandonaron o se perdió en los alrededores de mi trabajo. Pero eso es otra historia.

Precisamente el hecho de que ya vivía Casilda con nosotros fue el argumento esgrimido para la adopción del cachorrito. Como me cuesta mucho decir no, sobre todo a mi marido, don Cosme acabó en la veterinaria del pueblo para una primera revisión y un día después inició feliz viaje a nuestro hogar.

Algo le debía decir que estaba en buenas manos ya que realizó el viaje de cuatro horas con una tranquilidad pasmosa para un gato que no está en su entorno habitual. Finalmente llegó a casa donde tuvo que pasar unos días con visitas al veterinario y aclimatándose a Casilda y viceversa.

Siempre ha sido un gato muy confiado, salvando el momento del primer encuentro, se acerca a los amigos que nos visitan y rápidamente se ha ganado el cariño de los diversos amigos que se han animado a cuidarle en casa cuando nos hemos ido unos días de viaje.

La especialidad del felino para seducirte cosiste en acercarse a ti, especialmente si estás sentado en el sofá, mirarte fijamente y cuando está seguro de tener tu atención te suelta un maullido y se tumba panza arriba. ¿Alguien puede resistir la tentación de rascarle la barriga? Incluso los amigos que le tienen alergia a los gatos, que no son pocos, han sucumbido a semejante Don Juan.

Este gato es feliz en nuestro hogar. Juega y duerme mucho. Se las apaña para cazar alguna salamanquesa despistada en el patio. Y se echa la siesta en el sofá con nosotros mientras en la tele ponen algo que nos acuna a los tres.

Este pasado verano Don Cosme empezó a comer mucho, el doble de lo habitual y comenzó a bajar de peso. Mucho temimos que algo no iba bien. Le llevamos al veterinario y tras unos análisis nos dieron la noticia. Don Cosme es diabético.

Pero, ¿los gatos pueden ser diabéticos? Preguntan los amigos.
Pues ya ves que sí…

Esto nos ha supuesto reorganizar nuestra vida ya que Don Cosme necesita dos inyecciones de insulina diarias. Siento pena por el gato pues es un miembro de la familia, felino, pero miembro.

¿Alguno le deseamos una enfermedad a quien tantos ratos agradables nos da? Seguro que no. Ahora toca adaptar las necesidades del gato a las nuestras buscando un equilibrio en el que este bello animal no esté desatendido, pero no sea una dictadura en nuestras vidas.

El reciente diagnóstico me pilló de sorpresa y me tocó hondo, pero la vida te va colocando las cosas en su sitio y lo que ayer era un drama, inyectarle la insulina, hoy forma parte de la cotidianeidad.

Me consuela pensar que soy fiel al compromiso conmigo mismo de responsabilizarme de la vida y el bienestar de este ser, aunque surjan dificultades. Seguiremos dándole lo necesario, cariño y medicación para que su vida con nosotros sea lo mejor posible.

Por aquí pasa el felino mientras termino de escribir y le cuento que estoy contando su historia. Me mira y me maúlla.

¿Sabrá siquiera que está enfermo? Creo que no. A veces la ignorancia da envida aunque no la deseo para mí.

Rodrigo Ruiz

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