Baltasari y las primeras nieves

Hace mucho tiempo, en un valle despoblado junto a un río, amaneció nevado.

Era cinco de enero y Baltasari había llegado de muy lejos atravesando desiertos, lagos, montañas y ciudades, hasta llegar al valle donde se daría encuentro con sus dos grandes amigos de la infancia: Melchor y Gaspar.

Baltasari, mujer africana, no venía preparada para tal frío, pues de donde ella venía era todo sol y calor. De hecho, siempre viajaba en camello, pero esta vez tuvo que hacer el viaje sola, pues su camello estaba muy viejito y enfermo para tal menester.

Así que, ni corta, ni perezosa, empacó todos los regalos en una gran mochila, que le doblaba en altura, y comenzó su camino, de tres meses, dos días y dos noches. Estaba exhausta y por eso, cuando llegó a casa de sus primos: Hincha, hombre guapo y atractivo, mirada penetrante, tez blanca, sociable, encantador, parlanchín, risueño, y Pincha, mujer guapísima, mirada profunda, tez morena, observadora, callada, extremadamente creativa, hermanos mellizos mundialmente conocidos por su destreza como malabaristas, acróbatas y magos circenses, únicos habitantes del Valle de las Flores, no le dio tiempo casi ni a saludar. Se quedó dormida nada más entrar, hasta el amanecer.

Hincha y Pincha, se quedaron preparando su próximo espectáculo, llamado “Deshaciendo en-tuertos”, donde Hincha hacía de tuerto y Pincha trataba de curarle, haciéndole pasar por todo tipo de pruebas hasta conseguirlo. Entre ellas, tenían un truco de magia en que se hacían invisibles, ¡su truco estrella!

Despertó sola, ni un ruido, ¿dónde estarían sus primos?. Al abrir los ojos y mirar por la ventana: ¡asombrosa!, ¡toda la tierra nevada! Corrió a ponerse los zapatos y el abrigo, pues había dormido vestida. Y corriendo, salió fuera. ¡Era la primera nevada de su vida!. Ella pensaba que eso solo era cosa de cuentos de Laponia, Papá Noel y todo eso.

Baltasari corrió tanto, que chocó y cayó contra un muro de nieve que habían construido sus primos Hincha y Pincha, donde estaban escondidos. Cayeron los tres rodando y riendo, hasta doler la tripa. De repente, oyeron unos pasos y unas risas escandalosas. ¡Eran Melchor y Gaspar!, ¡acababan de llegar!. Todos rieron al unísono por la situación, se abrazaron y jugaron con la nieve hasta la hora de comer. Melchor y Gaspar llegaron a camello agotados, ya que el primero venía de un larguísimo y agotador viaje desde la lejana Persia, al igual que el segundo que llegó desde las tierras remotas de la India.

Los tres expedicionarios y venerables amigos, además de cuantiosas leguas a sus espaldas, contaban con una avanzada edad. Así que, como recibimiento, Hincha y Pincha, les prepararon su tradicional sopa de piedra, la cual, acompañada de una gran siesta, era el mejor de los placeres, de esas honorables tierras.

Al caer el sol, Melchor, Gaspar y Baltasari, agarraron sus petates, cargados de regalos, y despidiéndose agradecidos de Hincha y Pincha. Para lo que les dejaron como ofrenda, lo que les pilló a mano, cada uno algo valioso y tradicional de su tierra: oro, incienso y mirra.

Y así, entre chistes, anécdotas, y un montón de canciones y trucos circenses que les habían enseñado los primos de Baltasari, se fueron cargados, pero livianos y felices, a repartir regalos a niños y niñas, durante toda la noche.

Por eso se dice, que la noche de Reyes Magos, es una noche mágica. Gracias al mágico amor de los tres amigos y los trucos que aprendieron de Hincha y Pincha, aquellos, se hacen Invisibles a nuestros ojos.

Y de lo que fue de Hincha y Pincha, lo dejaremos para otra historia…

Indeleble Munay

Fotografías 1 y 2 de Munay, 3 y 4 de JPS.

Comentarios

Aún no hay comentarios. ¿Por qué no comienzas el debate?

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *