
La sede de Morata en Común, coalición formada por Podemos e Izquierda Unida en el municipio ribereño del Tajuña, albergó la charla coloquio con la autora, Vanessa Lillo, y dos decenas de personas que echaron la tarde en una interesante y participativa tertulia política y social. El acto, organizado por Morata en Común, con la colaboración del núcleo Teo Lara del PCM, duró alrededor de dos horas, en las que Vanessa Lillo analizó el discurso del partido de extrema derecha VOX desde las instituciones y cómo va calando en parte de la población sus ideas racistas, homófobas, antifeministas y contra la izquierda política y social. Lillo ha sido diputada de la Asamblea de Madrid entre 2019 y 2023, por IU, y precisamente es el tiempo elegido para el estudio plasmado en el libro, de la editorial Sequitur.
VOX utiliza las instituciones para poner en la agenda su discurso. Sus intervenciones políticas públicas no son fruto del azar ni de un calentón verbal mal calculado. Según la autora, hay tres temas que el partido ultraderechista impulsa desde las instituciones machaconamente:
Por un lado, su ataque constante a los Menores No Acompañados, que llegan en su migración buscando un presente y un futuro mejor, a España y a la UE. Los “menas” han sido utilizados por VOX como cabeza de turco para culpabilizarlos de un pretendido clima de inseguridad social, así como de recibir ayudas sociales en detrimento de otros colectivos vulnerables, en una política rastrera de enfrentamiento entre pobres. Sin duda, esta estigmatización de determinado colectivo social no es nueva en la retórica de los partidos fascistas y neofascistas: los judíos, los inmigrantes, los homosexuales… los “diferentes”.
A partir de 2021, como reacción a los avances legislativos en materia de igualdad de género, VOX comenzó a bombardear su discurso en contra de la “ideología de género”, en la que ellos engloban su particular cruzada contra el feminismo y contra el colectivo LGTBI+.
Por último, VOX desde su tribuna institucional hace mucha incidencia en la “educación”, con un claro mensaje reaccionario.

Sin duda, el partido acaudillado por Santiago Abascal, consigue en gran medida imponer su agenda de contenidos, mientras el resto de partidos, de derecha y de izquierdas van a la zaga, la mayor parte de las ocasiones, reaccionando y respondiendo a sus barbaridades. El verdadero problema, a juicio de la autora, no es solo que impongan su agenda de contenidos, sino que personas que en principio no se identifican como seguidores de VOX acaban replicando su discurso.
Los de Abascal apelan a unos valores supuestamente amenazados, como la “libertad”, vinculada con la “seguridad”, y la “familia”, asociada a la “educación”. De esta manera, una supuesta “libertad”, totalmente carente de aspiraciones igualitarias y de justicia social, se vería amenazada por la “inseguridad” reinante, cuyo máximo exponente serían los “menas”. En este sentido, da igual que la delincuencia y la criminalidad en España haya descendido en los últimos años o que nuestro país sea de los más seguros de Europa y del mundo. VOX apela a la emoción, a lo visceral, y obvia los datos y la razón.
La “familia” tradicional, estaría en peligro por la “ideología de género”, por el “feminismo” y la ideología de izquierda, que actuando sobre la “educación” de nuestros hijos pretende acabar con la sociedad defendida por VOX. El ataque de VOX a la educación pública viene determinado porque es más difícil de manipular para que cale su discurso clasista y reaccionario. También porque en economía son neoliberales y por tanto están en contra de fortalecer el sector público de la sociedad.
Una vez puestos en escena los peligros y los actores que acechan, aparecerían los “salvadores”, que no son otros que los propios políticos de VOX. Un discurso potenciado desde las instituciones, que pretende instalarse en la sociedad como un mantra de “sentido común”, cargado de “emocionalidad” y con poco “análisis racional” que lo sustente. En definitiva, se trata de un discurso, salvando las distancias, los actores particulares y los escenarios concretos, que ya utilizarían antaño los nazis en Alemania o los fascistas italianos.
Vanessa Lillo destaca asimismo que el gran ausente en el discurso del partido de extrema derecha es el componente de “clase social”. VOX no entra en esta división social porque no le interesa. No interesa mencionar la perspectiva de clase, aunque en su práctica política sí que está muy presente, votando y actuando contra los intereses de la clase obrera siempre que tiene ocasión.

Como decíamos al principio, el coloquio entre las personas asistentes al acto resultó muy participativo y enriquecedor. En el turno de palabra se destacó el papel clave que han tenido los grandes medios de comunicación de masas, en manos del gran capital, para normalizar y extender el discurso de la extrema derecha en la sociedad. También se señaló el papel de determinadas redes sociales y youtubers para replicar el mensaje reaccionario entre parte de la juventud.
Desde un punto de vista sociológico, se señaló lo difícil que resulta hoy en día defender un discurso y una práctica política y social que abogue por la defensa de los colectivo y lo común, en una sociedad profundamente individualista y atomizada como la actual. Aunque también se destacaron movimientos populares que han sabido responder colectivamente desde abajo y desde la izquierda, como el movimiento social pro-palestino que se ha desarrollado en los últimos años en oposición al genocidio perpetrado por Israel. Este movimiento solidario internacionalista ha tenido una de sus claves en su carácter de base y descentralizado en multitud de grupos y colectivos sociales y en su práctica de la acción directa y de desobediencia civil.
Un veterano militante destacaba que, paradójicamente, los hijos e hijas de la clase trabajadora, más formados que sus padres, madres, abuelos y abuelas, tienen hoy en día “más dificultades para reconocer a sus explotadores” que antaño sus ancestros. En parte, la izquierda ha perdido el “hilo rojo” de la Historia y, en parte, eso explicaría también el ascenso de los populismos de extrema derecha a ambos lados del Atlántico.
En nuestra mano está, con actos como el organizado por Morata en Común con Vanessa Lillo, analizar la realidad que vivimos desde una perspectiva de clase, parar a la extrema derecha, y encauzar la transformación social a favor de la clase trabajadora y las clases populares.
Alejandro Prieto

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