“El derecho a las cosas bellas”, vindicación de la vida holgada de Juan Evaristo Valls Boix

Editorial Ariel

“Para quienes encuentran en el entusiasmo, la autosuperación o el empoderamiento una sucia trampa neoliberal con la que justificar la explotación y la precariedad, este libro es una invitación a la tranquilidad y la holgazanería.”

Les deseo que se pierdan entre estas páginas. Sí, pierdan su tiempo, pierdan en algo y dejen de buscar automáticamente rentabilidad individual, afectiva o simbólica en cada una de sus actividades y pensamientos del día a día. Si lo consiguen, los y las lectoras se encontrarán un ensayo de 200 páginas sin culpa y sin vergüenza. Dividido en ocho capítulos, el autor reflexiona sobre el poder de la condición horizontal, los derechos perezosos, el derecho a la huelga, a la jubilación, a la ciudad y a la literatura. En definitiva, si estás harto de que te digan que siempre estás haciendo algo mal o que algo te falta, éste es tu libro.

¿Te has parado a pensar últimamente? ¿Vas tan rápido solucionando lo urgente que lo importante siempre queda postergado? ¿Tienes tiempo para estar pensando en silencio? Y si lo tienes, ¿piensas en cómo sacar el mejor rendimiento de ti mismo? ¿Piensas que el desarrollo de estos nuevos “hobbies” van a ser rentables a largo plazo o los practicas por puro placer? ¿Cada día te exiges más a pesar de estar cada día más cansada? ¿Eres capaz de parar, de estar sin hacer nada y sin consumir experiencias nuevas? Viajar, formaciones, desarrollo, rentabilidad, consumir, planes, competencia, individualismo, marca personal…

Todas estas preguntas y conceptos se deslizan de la lectura de Juan Evaristo en el devenir de nuestros días, donde la lógica capitalista y esa sensación constante de vacío y falta moldea nuestros deseos y expectativas haciendo centrarnos casi en exclusiva en nuestra individualidad sin pararnos a pensar que entre todas, con nuestros propósitos de año nuevo, estamos devorando un planeta que acabará parando en seco todas esas ficciones que nos hemos contado sobre nuestros yoes del futuro.

Y si aún no te ves con ganas de perder tu tiempo porque estás trabajando tu individualidad para ser mejor competidor, te dejo algunas pinceladas sobre el libro que espero te llenen de calma. “Para Emma Goldman, el anarquismo consiste en preservar un espacio para nosotros que no esté contaminado por las lógicas capitalistas del rendimiento, donde no se nos mida por méritos ni productividad, sino que podamos abrazarnos más allá de la competición, como ilustres incompetentes.”

Dice Juan Evaristo que “el capitalismo contemporáneo funciona a través del gobierno del deseo y su excitación, y va colonizando poco a poco nuestro tiempo libre de descanso con sus lógicas: si nos dedicamos a consumir, el tiempo libre no nos pertenece, si agendamos planes sin cesar, no nos pertenece tampoco.” Quizás en nuestras sociedades actuales, capitalistas y devoradoras, la actitud más subversiva pasa por no hacer nada, “solo” pensar con calma, caminar despacio, leer, conversar, tumbarse… los que tenemos perretes sabemos a qué nos referimos cuando hablamos de descanso.

Luna sí que sabe…

Y es que, como afirma Juan Evaristo, vivimos para perder todo nuestro tiempo y nuestra energía en fines vanos y vacuos. El derecho a la pereza nos dice que el vacío existencial que se suele llenar con consumo, experiencias y tonterías capitalistas no es motivo de angustia sino más bien un espacio amplio, donde perderse sin tiempo limitado, donde encontrarnos con los otros y escucharnos sin prisas. Por contra, un sistema consagrado al trabajo no es más que esclavitud, éxito, superación, la asquerosa felicidad de la norma. El capital no soporta la pérdida porque solo existe como ganancia y crecimiento ilimitado.

“Aprovechar el tiempo” como trampa lógica del incremento indefinido del beneficio. Siempre en construcción de uno mismo adaptando nuestras vidas a las nuevas miserias que se han puesto de moda. Sin embargo, la pereza es fuerza, la fuerza de no dejarse llevar por la corriente, de desobedecer en tiempos de positividad obligatoria. Es la que desarma al empresario fascista que llevamos dentro y nos reclama más trabajo, más goce y más voluntad.

Y para terminar: “hemos confundido durante mucho tiempo una cultura de la felicidad con una cultura de la explotación emocional. Idealizamos durante demasiado tiempo el entusiasmo en el trabajo… Estábamos obsesionados con el capital bajo todas sus formas: nuestra marca personal, nuestros followers, nuestro consumo de experiencias, adictos a la competición para tener más conocimientos, más amantes, más viajes, más ideas, más diferencias. Y sin embargo, la vida hoy se hace insoportable sin esta sedación que nos brindan los carbohidratos y el scrolling infinito.”

Les animo a leer un libro sin fórmulas mágicas de Autoayuda, sin tanto ego pues, al fin y al cabo, somos una mierda seca que se la llevara el viento. Además ya está en casi todas las bibliotecas así que cójanlo prestado de esos lugares públicos en los que perder el tiempo es su principal activo.

Rafa Ramos, bibliotecario

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