La hormiga y el gorrión

Un día cualquiera, en un lugar cualquiera, observé que la vida siempre nos da lecciones. Estando sentado en la terraza de un bar, tomando un refrigerio, sin nada importante en qué pensar, llamó mi atención un diminuto personaje que se movía por el suelo, alrededor de la mesa que yo ocupaba. Se trataba de una hormiga común. Se movía rápida de un lado a otro, buscando minúsculas partículas de los restos de comida que acaban cayendo al suelo…

Me maravilló pensar en la motivación de aquel pequeño ser, que posiblemente había hecho un largo trayecto desde su hormiguero hasta donde podía encontrar abastecimiento para él mismo. Pensé que el objetivo de su existencia era ese; alimentarse y abastecer al grupo; procrear y extinguirse; y vuelta a empezar con su ciclo vital. Aquella pequeña hormiga se movía inspeccionando el entorno con una gran velocidad, deteniéndose bruscamente, como si tuviera un tropiezo, ante algo imperceptible a mi vista; para enseguida regresar a su ritmo frenético. Pensé en toda aquella energía y en el único objetivo para la que la utilizaba: sobrevivir para cumplir con su misión en este planeta llamado Tierra, en donde cada ser tenemos una función que llevar a cabo constantemente…

Andaba yo enfrascado en esa contemplación, con mi mente buscando el sentido de tan simples hechos, cuando un personaje inesperado irrumpió en la escena. Un gorrión llegó volando y se posó delante de mí, implorante con su mirada, a que un gesto de generosidad por mi parte, lo gratificara con alguna migaja procedente del plato de patatas chips que yo estaba tomando de aperitivo. En un rápido movimiento, su vista reparó en la pequeña hormiga que tenía delante, y sin ninguna contemplación de un rápido picotazo la incorporó al pequeño almacén de alimentos que debía contener su buche…

La historia de la pequeña hormiga terminó de golpe en mis elucubraciones, y tengo que reconocer que sentí tristeza por el diminuto insecto, y por lo efímera que puede ser la existencia.

Escrito de Jovior

Fotografía La Petirroja

2 comentarios

  1. Latsari

    Sencilla, preciosa y reflexiva historia, que bien se podría extrapolar al mundo humano.

    Gracias Jovior

  2. Jovior

    Gracias a ti por tan enriquecedor comentario.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *