37 Grus grus pasan por el Tajuña

Formación de vuelo característica en “V”

Primeros de noviembre. Cielo azul limpio de nubes. La galga y quien esto firma andamos por el monte. Suenan “trompetas” sobre nuestras cabezas pero no localizamos la escuadra de vuelo. Finalmente identificamos la característica “V” de las majestuosas aves que nos sobrevuelan. Son grullas comunes, que vienen del Norte de Europa a pasar el invierno a la península ibérica, tras atravesar los Pirineos por Navarra. En esta ocasión son 37 aves. Posiblemente busquen algún humedal manchego o la ribera del Tajo en Toledo.

Se estima que alrededor de 250.000 grullas comunes (Grus grus) pasarán los meses más fríos en Iberia, fundamentalmente en Extremadura, Castilla La Mancha y Aragón. Entre febrero y marzo volverán al norte de Europa y Asia para criar. En España dejaron de criar hace un siglo debido a la presión humana sobre sus zonas de nidificación, aunque somos el territorio que alberga más aves en la invernada de la zona occidental. Una vez en tierras ibéricas, las grullas gustan de comer en invierno las bellotas de las dehesas extremeñas, así como los restos de cereales que quedan tras la cosecha. También comen proteínas en forma de invertebrados como caracoles, lombrices o arañas. Completan su dieta de base vegetariana con raíces, bulbos, frutos y hojas de diversas plantas de ribera.

El geógrafo, naturalista y pensador anarquista ruso, Pedro Kropotkin, teorizó sobre el apoyo mutuo como factor de cooperación y evolución de las especies. La ayuda mutua sería para Kropotkin tan importante o más que la lucha y la competencia entre semejantes para la evolución y conservación de las especies. El “príncipe” libertario del siglo XIX estudió el apoyo mutuo en animales salvajes y también en comunidades humanas, como las aldeas rusas o las ciudades medievales autónomas.

En el caso de las grullas es significativo su vuelo migratorio en forma de “V” y sus continuos trompeteos al volar. La formación en “V” facilita la cohesión del grupo en sus largos viajes de miles de kilómetros, durante el día y también durante la noche. La mencionada formación permite que todas las aves tengan contacto visual con sus compañeras y los cantos o trompeteos también sirven para que ninguna se despiste y se pierda. Además, la “V” permite una rotación en la punta de la flecha, que son las posiciones más expuestas a la resistencia del viento y por tanto donde más se agotan las aves. El grupo coopera entre sí para ayudarse en su migración.

Seguimos nuestro particular paseo de apoyo mutuo también entre perra y humano. El paseo de después de trabajar. El paseo del mediodía para que la galga se ejercite asustando conejos. Un paseo moderado, antes de comer, con alguna buena cuesta que hace revolucionarse el corazón y desestresar la mente. Dicen que de casta le viene al galgo y no recuerdo un día sin que mi abuelo o mi padre se dieran un buen paseo para aligerar el espíritu y fortalecer el cuerpo, como gente de campo conectada con la Madre Tierra que eran. Las 37 grullas se alejan majestuosas. Es el primer escuadrón de aves que hemos visto este otoño. Un bello espectáculo que nos anuncia la llegada del invierno a la Península.

Javi Prieto Sancho

1 comentario

  1. Karla

    Muy chulo el texto, que curioso que coman bellotas las grullas

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