
Indi es un gato negro, oscuro como una noche sin luna, como una cueva de osa, como un chocolate a la taza. Indi tiene un hogar y una familia, pero no tiene dueños. Indi es un gato callejero, que come y descansa en una casa con una familia humana que le quiere y le cepilla. Indi entra y sale del hogar por una gatera que hay en la puerta. No necesita llaves ni llamar al timbre. No tiene hora de salida ni tampoco de llegar. Indi es un espíritu libre que callejea por el barrio, se pega con otros felinos y ronronea a las gatas, invitándolas a su jardín.
Pero un día Indi no vuelve a casa. Su familia humana le echa de menos y lo busca por el barrio. Pero el gato negro no contesta. Una noche de lluvia, un coche lo atropelló. El conductor, llamado Juan, lo vio, pero aceleró, en vez de tratar de esquivarlo. Hay gente que tiene el alma oscura, como una noche sin luna.
El gato Indi ha ido a parar al inframundo, gobernado por el dios Hades y su perro Cerbero. En el mundo subterráneo de los muertos, Hades imparte justicia a las almas, castigando a quien se haya portado mal y dando un descanso eterno a quien se haya comportado con virtud y honra.

Como Indi es un animal irracional, que no piensa como los humanos, es el perro Cerbero, de tres cabezas y negro pelaje como el azabache, quien se encarga de averiguar cómo ha sido su vida.
-¿Qué hacías en la Tierra de los vivos, Indi?
-Pues cosas de gato, ya sabes: dormir, cazar ratones, dejarme acariciar mientras me echaba la siesta, arañar el sofá, pegarme con otros gatos, mirar a la Luna sentado en el tejado…
-¿Cómo has llegado aquí?
-Me atropelló un coche, que iba demasiado rápido dentro del pueblo.
-Entiendo. Pues te vamos a devolver a la Tierra para que te vengues y busques justicia. Puedes elegir un poder para ayudarte en tu misión. ¿Cuál quieres?
-Si puedo elegir… Me gustaría ser un gato vampiro, con capa roja que me permita volar y colmillos de titanio, como las garras de Lobezno. ¿Puede ser?
-Por supuesto, minino. Esto es el inframundo del dios Hades y mi dueño mola un montón. Hades es justo y siempre apoya a las almas que necesitan hacer justicia en la Tierra, antes de su descanso final.
-¡Pues ke guai!
Ya de nuevo en la Tierra de los vivos, Vampirindi vuela con su capa roja por encima de su pueblo. Es de noche y por la carretera principal aparece el coche que le atropelló a gran velocidad. Vampirindi no lo piensa dos veces y vuela en picado, se pone a la altura del neumático delantero derecho y lo muerde con sus colmillos de titanio. La rueda estalla y el vehículo se estrella contra la valla que separa la calzada de la acera. Juan, el conductor que atropelló a Indi sale conmocionado del golpe, sin saber lo que ha sucedido. Llega la policía, le hacen la prueba de alcoholemia y da positivo… así que tendrá que pagar una multa por conducir habiendo bebido alcohol. Vampirindi, subido a la copa de un árbol, ve la escena y sonríe divertido.
Al día siguiente, el mismo hombre se está preparando la comida en casa. Un rico salmón al horno. Lleva el pescado a la mesa y vuelve a la cocina a por una botella de vino. Cuando regresa al salón, el plato está vacío. Solo quedan las raspas y una rodaja de limón. El balcón está abierto de par en par y las cortinas vuelan con la brisa como una bandera. Vampirindi se relame después de haberse comido el salmón, tumbado cómodamente en el tejado. Juan no comprende como ha desparecido su cena.
Otro día después, Vampirindi se dedica a arañar el sofá del hombre y tirar los adornos de las estanterías. Juan, muy asustado, se levanta entre la noche sin comprender por qué se caen las cosas de las baldas y cómo se ha estropeado así su tresillo. Cuando intenta volver a dormirse resuena un extraño maullido en la habitación:
-¡Vampirimiauuuuu! ¡Vampirimiauuuu!
-¿Quién anda ahí?
-¡Vampirimiauuu!… Soy el fantasma del gato negro que atropellaste hace días. Mi espíritu no podrá descansar mientras no hagas justicia con mi atropello…
-¿Pero cómo puedo hacer justicia? -dice el hombre aterrado.
-Echarás una mano como voluntario en la protectora de animales del pueblo. Así aprenderás a respetar y cuidar a los animales abandonados y maltratados y no volverás a hacer ningún mal a otros seres vivos.
-Está bien, mañana mismo iré a la protectora… Lo siento muchísimo, gato.
Juan, que atropelló a Indi, estuvo meses cuidando de los animales de la protectora. Limpiaba las cacas y los pises de los chelines. Ponía comidas, agua, limpiaba cuencos y paseaba con los perros y perras del refugio. Poco a poco fue intimando con los canes y su empatía hacia los animales creció, hasta convertirse en un amor profundo hacia otros seres vivos. Vendió su coche, se compró una bicicleta y los viajes más largos los hacía en transporte público. Su casa la reconvirtió en una casa de acogida para animales maltratados. Él mismo empezó a ser una persona mucho más feliz en su vida cotidiana.
Vampirindi volvió al inframundo de Hades con la misión cumplida. El perro de tres cabezas Cerbero le esperaba a la entrada:
-Muy bien Vampirindi, te has ganado el descanso eterno. Aunque hemos descubierto algo sobre tus anteriores vidas… ¡solo has gastado 6 de ellas!
-¿6 vidas? -pregunta Vampirindi.
-Sí, y todo el mundo sabe que los gatos tenéis 7 vidas… Así que todavía te queda una por gastar. El descanso eterno puede esperar un poco más. Vuelve a la tierra gatete y pásalo bien…

Horas después, Vampirindi ronronea en el sofá de Juan, mientras que el hombre prepara un salmón al horno y pone sobre la mesa un plato y un cuenco para gato. Después de comer y de echarse una buena siesta encima de Juan, mientras que el hombre descansa en el sofá, Vampirindi vuela para reencontrarse con su antigua familia humana. Sin duda que se alegrarán de saber que está más vivo que nunca. Se ha hecho de noche y sobre la luna llena aparece una sombra negra con forma de gato y una capa al vuelo.
Javi Prieto Sancho
Ilustraciones de Javi PS y Naya Serrano Prieto



Muy bonito el recuerdo a Indi.