
“Crees que has acabado con el pasado y el pasado no ha acabado contigo aún”
Plaza de la Constitución de Rivas. Cientos de treintañeras, cuarentones y algunos rockeros de cincuenta y tantos se mezclan en la explanada del Centro Cultural Federico García Lorca con jovenzuelos de veinte y zagalas quizá más jóvenes. Chupas de cuero, zapatillas estilo converse, muchos pendientes y alguna cresta… Un escenario en la esquina. Niños y niñas de ocho primaveras, con camisetas amarillas de “Biznaga”, su grupo español preferido. Algún carrito de bebé, con una jovencita con cascos para que pueda dormir a gusto mientras su papi y su mami punkean un poco. Una noche espléndida. Comienza el concierto. Jorge, al bajo, Álvaro, como cantante y guitarra, Jorge “Milky”, batería, y “Torete”, como guitarrista. Comienza un vendaval, melódico, con aristas, punk rock en estado puro. Cuando ya no se lleva esto. Cuando la guitarra parece de museo. Y los zagales de las camisetas amarillas, los de ocho o nueve años, encaramados a las vallas de primera fila cantando todo. Espléndido sonido, gran directo.

El punk nació en los 70 para mandar a la mierda todo. El punk rock es irreverente y pone la sociedad patas arriba. Biznaga además, se mete en el interior, en la salud mental de una sociedad podrida de consumo, de pastillas, de adicción al trabajo y precariedad, de sueños rotos de una generación sobradamente preparada que se come los mocos… El punk fue el compromiso social de The Clash, del que Biznaga dan ejemplo con su implicación con los movimientos sociales madrileños. Parte del punk se vendió al capitalismo que decían combatir, como los Sex Pistols y su deriva nihilista que acabó besando el culo del vil mercantilismo. Que les den también a los Sex Pistols, payasos, aunque alguna letra os vamos a rescatar, eso sí. Otra parte del punk, también nihilista pero más honesta, como Eskorbuto, se quedó por el camino de la mano de la heroína. La Polla y Evaristo han sido una digna excepción en todo momento, pese a sus altibajos musicales. También Maniática mantuvo vivo el punk rock ibérico.

Pero en 2020 y pico, ¿qué pinta el punk rock ahora? Pues aquí está Biznaga, para mandar a la mierda a los enterradores, a los bienpensantes, a la sociedad adormecida y medicalizada. Y lo hacen con letras cultas, ancladas en el barrio, en la muerte de un rider trabajando, en la pareja que se odia y se necesita para pagar el alquiler, en la defensa del entusiasmo ante la mediocre vida que nos ofrecen. Biznaga se ríe de VOX, de Codere y de Tecnocasa.

Biznaga trata de imaginar políticamente un futuro mejor a esta deriva, empatiza con el que se busca porque se ha perdido, comprende lo difícil que es soltarse de un pasado del que te crees a salvo y sin embargo te mantiene aún atado… Y mucha guitarra, mucha batería. Torete vive las cuerdas en el escenario. Álvaro se desgañita en cada canción. Jorge sostiene el grupo desde su bajo y “Milky” corre una maratón como “tamborilero” de esta milicia musical llegada desde Carabanchel.

Lo demás ya lo sabes tú: cinco álbumes en estudio, siendo “Bremen no existe” (2022) y “¡Ahora!” (2024) sus últimos lanzamientos. Cuentan con un público muy fiel, entre los que me incluyo, y que no para de seguir creciendo. Pero vamos, que si no los has escuchado ya, búscalos y resucita el punk rock, que como Jesucristo, parece que nunca muere del todo.

Para mí esta gente saca lo mejorcito de la cultura punk: música animada, con crítica social, cuidado personal psicológico, espíritu colectivo, arma de barrio y gran implicación con la autogestión y la autonomía desde el “hazlo tú mismo”, que tanto inspira a muchos de nosotros y nosotras. Una patada en el culo para fondos buitres y memos varios, desde patrones a políticos. Un disfrute si te gusta el guitarreo y el buen ruido. Y unas letras para tararear y para bucear en ellas reflexionando tus movidas, conectadas con la gran movida de sociedad que vivimos todos y todas. No, chaval, no chavala, da igual los años que tengas. El problema que te taladra la cabeza no es solo tuyo. En gran medida nuestras mierditas son generacionales, así que ponte a escuchar “Contra mi generación” de Biznaga y haz del “entusiasmo” un modo de andar por la vida. Te quieren apagado, deprimida, aislado… No les des el gusto, no se lo pongas fácil. Un poquito de punk siempre viene bien. Vamos.
“No te vas a encontrar sin haberte perdido -dijo. Y dio un trago a la litro.”
Javi Prieto Sancho


